“Mientras exista una niñez travesti-trans violentada, no va a haber descanso”

Entrevista  a Gabriela Mansilla

entrevista: facundo martínez

“Yo no soy un nene, soy una nena y me llamo Luana”. A partir de que Gabriela Mansilla, madre de Luana, escuchó salir estas palabras de la boca de su entonces hijo de cuatro años, comenzó su lucha eterna por los derechos de su niña, al principio, y, con el correr del tiempo, de todas las niñeces trans. Porque cuando Gabriela consiguió esa reparación histórica que fue que el DNI de su hija reflejara su verdadera identidad (allá por 2013), no paró. Después de eso, compartió su experiencia en el libro “Yo nena, yo princesa”, presentado por primera vez en la Feria del Libro en 2014, y en 2017 fundó la Asociación Infancias Libres, que ayuda a niñeces trans y a sus familias. En este momento, se está rodando la película basada en la vida de Luana y la lucha de Gabriela, que se estrenará en septiembre. Está dirigida por Federico Pallazo y, entre sus protagonistas, están Eleonora Wexler y Juan Palomino.

La película

Hace años, cuando Gabriela comenzó a luchar para que se reconozca el derecho a la identidad de su hija, no se imaginaba que, muchos años después, su vida se iba a ver reflejada en la pantalla grande, pero ahora lo ve como una “respuesta a tanta militancia”. “Creo que la visibilidad que le di al libro, las charlas, los viajes, salir a la calle, exigir en cada lugar, no parar jamás. Fuimos quienes instalamos la infancia trans como tema a discutir y como tema pendiente”, afirma.

Sin embargo, asegura que todo el proceso de rodaje les está “costando un montón”: “Primero, porque no fue hermoso, no lo vamos a idealizar. La transición de Luana y todo lo que hicimos fue inmensamente doloroso y hoy revivir, a través de la ficción, emocionalmente te traslada a ese momento. Cuando te ponés atrás de todo y ves la cantidad de gente que está trabajando con esto, con lo que pasó en esta casa, te atraviesa el pecho”.

Juan Palomino, Eleonora Wexler, Gabriela Mansilla y Federico Pallazo

Gabriela dice estar muy conforme con el trabajo que está realizando tanto el director como les actores y todo el equipo de producción. “El guión lo escribió Federico Pallazzo, el director, y creo que no lo podría haber hecho ninguna otra persona porque tiene una sensibilidad enorme. Lo que él habla y dice es como si yo lo estuviese sintiendo en ese momento”. Sobre Eleonora Wexler, afirma que “es sumamente sensible y la ha atravesado esta historia. Me dijo, ‘yo voy a crear un personaje con lo que voy a absorber de vos y del libro’”.

La producción de la película fue cuidada. El personal y hasta el director asistieron a capacitaciones de Infancias libres y todo pasa por Gabriela, que hasta armó la gacetilla de la película junto con el jefe de prensa. “No solo me respetan, sino que me tienen en cuenta y me dan el lugar. Eso me gustó. El guión es lo más fiel al libro, tiene hasta las frases que Luana decía”.

Destaca, además, el hecho de que Luana esté interpretada por otra niña trans: “Una década atrás, cuando empezamos con Luana, no se hablaba y no había niñas trans siendo actrices y siendo reconocidas y respetadas. Hoy, no solo es Isabella que actúa, también actúa Azul, que es otra niña trans de mi asociación. Ver a Azul e Isabella en una escena pienso: ‘para esto lo hicimos, para que existieran dos niñas trans haciendo arte y ocupando un lugar que nunca en la historia se pudo ocupar’”.

Reconoce que esto también es un logro del precedente que marcaron ella y Luana: “Alguien lo tenía que hacer y nos tocó a nosotras y lo hicimos tan bien que hoy estas niñas pueden estar en este contexto cuidadas y respetadas. No expuestas contando su vida, sino interpretando a su referente. Quienes serían ellas si no existiera una Luana y quien sería Luana si no existieran las referentes travestis y trans de Argentina. Esto es contado por las niñeces pero en el contexto de la lucha histórica de toda su comunidad”.

Luana Mansilla

La comunidad

“Lo hicimos para que estas niñeces puedan ir a la escuela, llevarlas al médico sin que las discriminen y las violenten como le pasó a Luana”, resume Gabriela al recordar cuando comenzó su lucha, entendiendo que no es solitaria, sino en comunidad.

“No nos olvidemos que hoy Luana está adentro de mi casa, pero en su comunidad más del 75% fueron arrojadas al sistema prostituyente a esta edad (13 años)”, dice, como un recordatorio de por qué hay que seguir. “No es que porque hicimos una película ya está. Mi cabeza piensa donde mis pies pisan y mis pies pisan el barrio del conurbano todos los días y no hay nada que hoy me garantice la vida de mi hija, ni película, ni libro ni nada, porque la sociedad todavía sigue teniendo esa cabeza biologicista, binaria, retrógrada, moralista, conservadora y eso no va a cambiar”.

Gabriela es consciente de que los cambios en la sociedad son lentos y que les niñes trans y travestis están siempre expuestes a este contexto: “Las familias son parte de la sociedad que queremos deconstruir, que tengan un hijo o una hija trans es una circunstancia, porque ese niño o niña nace en un hogar católico, en un hogar donde la mamá sufre violencia de género, nace de un papá machista, nace de familias religiosas que lx mandan a escuelas católicas”.   

Por eso, cree que “esta película tiene que salir del microclima de la militancia y llegar a los hogares. Llegar a crear conciencia”, y aclara que “hay escenas que no se pusieron para que sea apta para todo público y que se meta en las escuelas”.

Portada del libro «Yo nena, yo princesa»

Tehuel

Sobre la desaparición de Tehuel, Gabriela afirma que “nos pegó muy fuerte, lo sentimos muchísimo. Lo sentimos por todos los pibes trans que hay en la asociación, porque podría haber sido cualquiera de ellos. Hicimos campaña y seguimos preguntándonos en las redes dónde está Tehuel. Lo hemos charlado y trabajado en la asociación, ese es el terror que tenemos todas las mamás”.

Pero reconoce que, si bien la comunidad travesti-trans y transfeminista sigue reclamando por su aparición, los medios “no lo trabajaron bien” y agrega: “Cada vez que una persona me dice que estamos avanzando le digo, ‘mirá, tendríamos a Tehuel con vida si estuviésemos avanzando, las trabas no estarían prostituyéndose si estuviésemos avanzando’. Sabemos que, si nuestres hijes desaparecen, no los busca nadie”.

El futuro y los sueños

Al consultarle cómo se ve de acá a cinco años, Gabriela dice que no puede dejar de crear: “Soy una máquina, no puedo dejar de que se me ocurran cosas. Ya no es por Luana. Al momento que escribí ‘Yo nena, yo princesa’, me di cuenta de que ya era una causa. Es un modo de vivir, me levanto todos los días pensando cómo salvarles la vida y lo intento todos los días con lo que hago. De acá a cinco años me veo igual y a 20 años, también, solo más vieja pero luchando de la misma manera”.

Gabriela sueña con un mundo menos violento, donde les trans lleguen a viejites y puedan estudiar y ser profesionales. “Que ninguna niñez tenga miedo de salir a la calle, que no les cueste tanto, que no tengan que ser valientes, que sean felices y libres”, dice y agrega: “Sueño con otra educación. Antes de morirme, quiero abrir un libro de la escuela y que tenga el cuerpo de una travesti. Sueño con que puto y travesti deje de ser un insulto. Sueño con que puedan ir al baño de cualquier lugar sin tener que dar explicaciones, sin que se den vuelta a mirarlos a ver qué son”.

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