Amiga, date cuenta, es falta de empatía

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Hace unas semanas, circularon por todas las redes sociales imágenes perturbadoras de Michael Bublé maltratando a Luisana Lopilato durante un vivo de Instagram. Las redes explotaron con el “amiga, date cuenta” más grande del universo, denunciando e instando a Luisana a que terminara la relación. Esto desató todo un debate sobre cómo accionar ante un caso de violencia de género. El escrache y la denuncia masiva, sin el consentimiento de la víctima, ¿ayuda o empeora la situación? ¿En qué lugar se la ubicó a Luisana al cuasi exigirle que se dé cuenta de que está al lado de un violento?

Esto nos llevó a reflexionar sobre lo que denota la frase “amiga, date cuenta”. Si bien surgió como una campaña para concientizar a las adolescentes sobre la violencia de género, apelándolas en su propio registro del lenguaje, sacada del contexto de la publicidad y la generalidad y aplicada a un caso en particular, tiene un dejo de falta de empatía. ¿Es acaso la feminidad responsable de la violencia en su contra? ¿Tiene que “darse cuenta” o tiene que realizar un proceso para vencer el miedo y animarse a hablar? Cada persona que sufre violencia de género tiene sus tiempos, pedirle que “se dé cuenta”, viralizando las escenas de violencia que esta protagoniza, por más que se tengan las mejores intenciones, es una forma de juzgarla. Además, puede resultar peligroso y contraproducente exponer a una persona que está aún conviviendo con su abusador.

Según declaraciones de Verónica Misseri, trabajadora de la línea 144, a Filonews “en cualquier situación de violencia una no aconseja hacer una denuncia o un escrache por redes sociales, a menos que esto sea una forma más de acompañar una situación que ya se viene encarando desde otras áreas e instancias”. Agrega, además, que “a veces es necesario pararse como una interlocutora que puede ayudar a acelerar esos procesos, sí, pero sólo acelerarlos, no accionar sin su consentimiento”. Finalmente, la especialista afirma que “las redes sociales permiten la visibilización y poner en palabras algo que antes estaba naturalizado pero tienen la limitación de que en sí, frente a una situación puntual, es poco lo que pueden hacer”.

Accionar sin el consentimiento de la víctima y sin respetar sus tiempos es también una forma de violentarla y exponer las situaciones de violencia una y otra vez es una forma de victimizarla. Pedirle que “se dé cuenta”, arroja sobre ella una mirada reprobatoria que no ayuda a construir la confianza que necesita para vencer el miedo. Por eso, visibilicemos, concienticemos, pero tengamos en cuenta también las necesidades de cada caso en particular, tengamos empatía y prioricemos acompañar a escrachar.

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