Una mujer fantástica

Para hoy, les traigo una película galardonada: Una mujer fantástica, que en 2018 ganó el Oscar a mejor película de habla no inglesa. Este film cuenta la historia de Marina, una mujer trans que está en pareja con un hombre cis llamado Osvaldo. Una noche, cuando volvían de festejar el cumpleaños de ella, Osvaldo se descompensa. Marina lo lleva al hospital donde él finalmente muere. A partir de ese momento, se desata una tormenta para ella, a quien la familia de Osvaldo no reconoce como su pareja y no le permite despedirse de él y quien, además, es acosada por la policía por sospechas infundadas en torno al fallecimiento de Osvaldo.

La película no necesita de escenas desgarradoras de abusos desoladores para mostrarnos cómo los derechos de Marina se vulneran solo por ser trans (aunque hay algunas situaciones que se acercan a eso). Lo vemos en la forma incómoda en la que le habla la familia, la forma en la que la policía la trata como una sospechosa, la forma en la que todas las personas que rodean a Marina la encasillan en un estereotipo. Todes creen saber qué esperar de ella y qué siente. Nadie la cree con derecho a llorar a Osvaldo, a ir al funeral a despedirse o a quedarse con los recuerdos de su vida juntes. Por ser trans, Marina tiene que deshacer su vida con Osvaldo, dejar atrás la casa, el perro, sus cosas. Como si su amor, por no ser heterosexual, nunca hubiera existido.

A lo largo de la película, Marina se refleja en el espejo de la sociedad una y otra vez, ve la imagen distorsionada que este le devuelve e intenta, con todas sus fuerzas, no terminar creyéndola real.

Kim Ji-young, nacida en 1982

Para la recomendación de hoy, un poco de cine coreano: Nacida en 1982. Esta adaptación cinematográfica del libro con el mismo nombre narra la historia de Kim Ji-young, una mujer coreana de 33 años que dejó su trabajo en una agencia de marketing para dedicarse a criar a su hija y, de pronto, empieza a ser poseída por los espíritus de diferentes mujeres que influyeron en su vida, como su madre o su abuela.

Las posesiones coinciden (o quizás son la causa) con un momento particular en la vida de Kim Ji-young, en el que empieza a cuestionarse los roles que se vio obligada a asumir a lo largo de su vida: esposa, madre, hija y nuera. A lo largo de la película, acompañamos a Kim Ji-young en una revisión de su propio pasado, que nos deja en claro que su vida actual no fue del todo su opción, sino que fue empujada por una sociedad que, por ser mujer, no le daba oportunidades de crecer y por una familia que la encasilla en esos cuatro roles.

Si bien la película se torna un poco literal a la hora de mostrar las injusticias contra las mujeres y utiliza ejemplos bastante trillados, me resultó muy interesante cómo se trata el tema de la “locura” de Kim Ji-Young. Por un lado, las voces de las mujeres que la precedieron le permiten a ella replantearse el lugar que se le da a la mujer en Corea y reflexionar sobre lo que la llevó a este punto de su vida y, por otro, esas mismas voces que resultan tan esclarecedoras para ella producen en su familia el efecto contrario. Como suele suceder con las mujeres que cuestionan, la familia de Kim Ji-young la trata de enferma y la infantiliza. La excepción a esta regla es su madre, quien también dejó de lado sus propias ambiciones para cumplir con sus deberes familiares.

Cuties: no es para tanto

Hace un tiempo me topé en Twitter con una discusión sobre la película “Cuties”. Había salido el tráiler hacía poco y en las redes estaban acusando a Netflix de promover la pedofilia. Miré el tráiler, leí un poco sobre el argumento y, la verdad, la historia como estaba vendida no me pareció para nada extraordinaria ni interesante y ni me dieron ganas de comprobar si las acusaciones eran ciertas. Pero poco tiempo después de que se estrenara, me picó el bichito de la intriga y la miré. Mi veredicto sobre la película es: no es para tanto. No es para tanto la película en sí ni son para tanto las acusaciones.

La historia, al principio, es bastante básica: Amy, una nena musulmana de 11 años que vive con su madre y hermano es una chica tímida, obediente, que vive para complacer a sus mayores; conoce a Angélica, una nena de su misma edad, pero mucho más desinhibida, con actitudes de chica adolescente. Amy se ve inmediatamente atraída por el mundo de Angelica y sus amigas, otras chicas de su edad que bailan reggaetón, se visten como si tuvieran 20 años y usan asiduamente las redes sociales. Ella se une al grupo y juntas van a buscar ganar un concurso de baile.

A simple vista, es una historia típica de autosuperación en la que la protagonista desafía a su familia conservadora para cumplir su sueño de bailar, nada nuevo. Pero Cuties esconde otro dilema: Amy descubre un mundo nuevo, en el que aprende que, para la sociedad, parte de ser mujer significa ser un objeto; que crecer significa convertirse en objeto. Lo ve en su madre, que tiene que aceptar alegremente que su padre tenga una segunda esposa; lo ve en sus nuevas amigas, que a los 11 años están hiper-sexualizadas, y lo empieza a reproducir en ella misma.

La película gira en torno al dilema de Amy de abandonar la niñez para tomar uno de dos caminos: o ser la esposa modelo de una sociedad antigua y patriarcal o ser la adolescente perfecta de una sociedad moderna… Pero también patriarcal. Ahora bien, ¿sexualiza a las niñas? La respuesta es sí, pero lo hace a modo de reflejo de lo que el sistema en el que esas niñas conviven provoca. Los dos caminos entre los que se debate Amy tienen un mismo resultado, ya sea que decida ser la esposa abnegada o la adolescente que consume rebeldía, se convertirá en un objeto.

El mayor problema con Cuties es, a mi entender, el marketing. Netflix la vendió casi como una comedia, una película divertida sobre un grupo de niñas que quieren ganar un concurso de baile y en la que no se problematiza el dilema de las jóvenes que se ven empujadas a sexualizarse a muy corta edad. Si bien la película trata un tema interesante, la historia es bastante básica y oscila constantemente entre la película obvia de autosuperación y la crítica social, sin profundizar demasiado. Realmente, no era para tanto.

Empieza la 11° edición de Cine Migrante

Hoy no voy a recomendar una película o una serie, sino todo un festival: la 11° edición de Cine Migrante, del 22 al 29/09. El festival de Cine Migrante promueve el diálogo intercultural y los derechos de las personas migrantes. Año tras año, expone películas de y sobre migrantes, trabaja con les migrantes para difundir su visión del mundo y romper con los preconceptos. Elles son les protagonistas, no les objetos de estudio.

Para esta edición (completamente virtual y gratuita, cabe aclarar), voy a recomendar algunas películas y charlas que me resultaron interesante. La mayoría de les directorxs no los conozco, así que solo me voy a basar en los argumentos que figuran en la página. A una cineasta que el festival le dedica una sección entera es a Sarah Maldoror, cineasta francesa de ascendencia africana que lamentablemente falleció de coronavirus en abril. Sarah fue una artista clave dentro del movimiento de descolonización africano de las décadas del 60 y 70 y del movimiento intelectual y artístico de la Negritud. El festival le dedicará una sección entera, donde se expondrán varias películas y se organizarán varias charlas sobre ella.

Además de la sección de Sarah Maldoror, hay otras películas muy interesantes para agendar, como Brown Girl Begins, una película sobre un futuro distópico de la directora Sharon Lewis o (una de mis favoritas de mi género favorito) la película de vampiros A Girl Walks Home Alone at Night, de Ana Lily Amirpour. Otra propuesta interesante es Bixa Travesty, un documental que habla sobre el cuerpo como herramienta y arma política, o Kiki, sobre la vida de los jóvenes de color LGTB+ de los grupos de baile de Nueva York. También se pueden ver películas sobre mujeres luchadoras, como Letal o Tempestad. Todas estas películas fueron dirigidas por mujeres. La programación es mucho más extensa, vayan a la página de cinemigrante.currents.fm y zambúllanse!

Disclosure: las personas trans reflejadas en un espejo cis

Para hoy les traigo Disclosure, otro documental de Netflix. Este documental trata un tema del que no se habla mucho: la representación de les trans en el medio audiovisual.

En las casi dos horas de duración, Disclosure hace un recorrido histórico desde casi los inicios del cine hasta la actualidad, en el que personas trans de la industria audiovisual hacen un análisis de cómo se les representó desde tiempos inmemoriales. Los análisis coinciden bastante: en un principio, las personas trans eran representadas como personajes grotescos y “humorísticos”; más adelante, como personas perturbadas mentalmente, asesinos seriales o psicópatas, y, luego, al parecer solo podían cumplir el rol de víctimas de asesinatos o prostitutas. Todes les trans entrevistades para este documental coinciden en que esto afectó la forma en que se veían a elles mismes y atizó el fuego del auto-odio.

Un punto que toca esta película que lo vi menos todavía que el tema de las mujeres trans es el de los hombres trans. Si las mujeres trans aparecen como motivo de burla, desequilibradas mentales, muertas y prostitutas, los hombres trans directamente ni aparecen. Hombres trans del medio analizan la casi nula representación de ellos en el cine y las series y los profundos errores conceptuales de los personajes con los que sí se podrían identificar, producto de guiones escritos por personas cis.

Para resumir, Disclosure, más que un documental sobre la historia de las personas trans en la industria audiovisual, es un documental sobre la imagen distorsionada y llena de prejuicios que las personas cis tienen de las personas trans.

Las mantenidas sin sueños y lo que podría haber sido

Es una de las pocas veces en esta sección que puedo decir con todas las letras que una película o serie no me gustó. Pues bien, Las mantenidas sin sueños no me gustó. La elegí, en principio, porque, por la descripción, me pareció que podría llegar a explorar la relación madre-hija o los lazos entre mujeres o quizás el tema de la maternidad de una forma distinta o interesante. Pero no, a mi criterio, resultó ser otra película argentina costumbrista más, de esas que abundan en nuestro cine nacional, con personajes extremadamente estereotipados y sobreactuaciones.

La película cuenta la historia de Florencia, una mujer drogadicta con una hija de 9 años, Eugenia. La historia gira en torno a la relación de Florencia y Eugenia y, a su vez, la relación entre Florencia y su propia madre. Este entramado familiar podría haberse aprovechado muchísimo más si los personajes no respondieran a estereotipos tan fuertes y las actuaciones no fuesen tan exageradas. Todas las mujeres que aparecen responden a un estereotipo bastante machirulo, y no de forma irónica o crítica: la madre negligente y promiscua, la madre demandante y culposa, la loca y la cheta. La maternidad se muestra como ese vínculo inquebrantable y sagrado, que corre al padre de la ecuación y de la responsabilidad. De hecho, a pesar de que el padre de Eugenia no se hizo cargo de la crianza de su hija, toda la culpa por el estado en el que vive la niña recae sobre Florencia. Él aparece como el salvador que viene a darle una vida mejor.

A pesar de todo esto, Las mantenidas sin sueños hace un intento por explorar los lazos entre mujeres. Los diferentes estereotipos de mujeres se terminan ayudando las unas a las otras para salir adelante y terminan encontrando una comunidad. Hacia el final de la película, Florencia y Eugenia se dan cuenta de que no tienen que afrontar todo en soledad.

La guerra contra las mujeres

No solo el nombre de este documental es explícito, ya desde el segundo uno “La guerra contra las mujeres” nos pone en contexto. El documental arranca directamente con partes de testimonios de mujeres de diferentes países que atravesaron o atraviesan guerras civiles: Bosnia, Uganda, Ruanda, República democrática del Congo.

El documental nos dibuja la situación con testimonios de mujeres que fueron secuestradas y violadas por guerrillas y milicias. Los relatos son similares: fueron arrancadas de sus hogares, en muchos casos presenciaron el asesinato de sus familias, y luego violadas y torturadas. Lo que varía de país a país son las cifras. En Ruanda, entre 250 y 500 mil mujeres fueron violadas; en Bosnia, 40 mil; en Uganda, 4 mil, y en Congo 200 mil.

Lo que también se da a entender en este documental, y que explica el nombre del mismo, es que las violaciones no fueron/son daños colaterales, sino un plan sistemático, una estrategia de guerra para deshumanizar y mantener atemorizada a la población “enemiga”. Podemos ver cómo los niños reclutados por los grupos paramilitares se les enseña a violar como una táctica más al invadir un poblado; cómo a muchas mujeres y niñas se las mantiene captivas para fines reproductivos.

Los abusos cometidos a estas mujeres dejaron secuelas físicas y psicológicas, que se exponen también en “La guerra contra las mujeres”. Las entrevistadas son tratadas por heridas físicas y psicológicas que no sanan, quedan como marcas permanentes en sus cuerpos y en su memoria por una impunidad que parece no tener fin. El documental puede resumirse en la frase del Dr. Denis Mukwege, del Hospital Panzi (que atiende a mujeres víctimas de violaciones en el Congo): “Cuando todas las mujeres del mundo comprendan que sus compañeras están siendo destruidas y eliminadas sin razón, todas las mujeres del mundo se rebelarán”.

Contrapoints: la estética del conocimiento

Hace rato una amiga me había recomendado Contrapoints y, la verdad, no sé por qué tardé tanto en verla. Natalie Wynn es una mujer trans con un doctorado en filosofía que hace unos dos años comenzó a dedicarse a ser youtuber. Menos mal que decidió dar el volantazo en su carrera, porque eso nos dejó con unos maravillosos videos sobre política, filosofía y género.

En el canal de Youtube de Natalie vamos a encontrar videos con reflexiones que van desde el capitalismo hasta la cultura de la cancelación. Anoche me vi tres al hilo: Opulencia, Hombre y Belleza. En los tres, Natalie utiliza todos los recursos a su alcance para explicarnos conceptos que, por lo menos yo, pensaba fuera de mi alcance. Con una estética entre kitsch y barroca, nos mete conocimiento por los ojos. Esto, sumado al ritmo de la edición y al lenguaje coloquial de Natalie, hace de todos los temas, por más densos y difíciles de explicar que sean, llevaderos y hasta entretenidos.

Contrapoints es un regalo para la vista, una creación estética que, además, nos baja conceptos y conocimientos a los que quizás nunca se nos habría ocurrido acceder. Una ventana poco usual a la filosofía.

«Raw», sangre y deseo

Ustedes ya saben que yo siempre aprovecho para colar una película de terror en esta sección. Esta vez, les traigo “Raw”, una joyita de Julia Ducournau que se puede ver en Netflix. La película cuenta la historia de Justine, una joven estudiante del primer año de veterinaria que, tras una especie de iniciación donde  la obligan a comer carne cruda, se vuelve carnívora. Pero carnívora, carnívora. Le surge la necesidad imperante, no solo de comer carne, sino de comer carne cruda. Su deseo carnívoro va increscendo hasta el límite y, junto con él, su deseo sexual.

Esta película se presentó en el Festival de Cine de Toronto en 2017 y sus escenas de body horror le revolvieron el estómago a más de une. Mucha gente se retiró de la sala o hasta se descompuso. En mi opinión: exagerades. Si bien tiene muchas escenas sangrientas y desconcertantes, el eje es otro: el despertar sexual de Justine. Justine es una joven que viene de una familia particular, con una madre dominante, que fue quien a lo largo de toda su vida la obligó a ser vegetariana. Su ingreso a la universidad (que en este caso significa mudarse de su casa materna y comenzar a vivir sola en un campus) significa su ingreso a una vida de libertades que no conocía.

La iniciación en la universidad representa una especie de pasaje de la adolescencia a la vida adulta. A partir de allí, Justine va a dejar de ser la niña apocada para convertirse en mujer deseante. Su despertar sexual se va a tornar cada vez más violento, a medida que su necesidad de comer carne cruda aumenta. En esta nueva etapa de su vida, su hermana Alexia va a jugar un rol muy importante. Alexia es una estudiante avanzada de veterinaria y va a ser a la vez guía y rival de Justine. Es quien empuja a su hermana a la adultez, al obligarla a comer la carne cruda en el ritual de iniciación, y la única que entiende lo que le está pasando y puede ayudarla, pero también es quien ejerce la mirada más crítica sobre ella y quien la empuja hacia la locura.

Si bien la representación del deseo con sangre y violencia no es nueva en el cine de terror, Raw la aborda de una forma completamente distinta. Las mujeres en esta película no están puestas en posición de víctimas, la sangre no es precio que tienen que pagar las jóvenes que deciden tener relaciones sexuales. En Raw, la sangre ES lo que las mujeres desean, y siguen ese deseo.

Teteras: el sexo como resistencia

Teteras es un documental de @doraese y @nachodepaoli que habla del sexo como resistencia. A través de entrevistas e imágenes de archivo nos cuentan sobre las “teteras”, lugares de encuentro entre la comunidad homosexual que florecieron durante la última dictadura. Las teteras surgieron cuando el resto de los lugares de sociabilización fueron clausurados y cualquier identidad no hétero-cis era considerada ilegal. Como respuesta ante la represión, como bien dice uno de los entrevistados, se crearon “comunidades” en los baños públicos, en las estaciones de tren. Comunidades clandestinas con sus reglas y códigos, que funcionaban como resistencia al ostracismo al que la dictadura los había condenado.

El documental, de tan solo 10 minutos, relata en primera persona una de las formas que encontró la comunidad LGBTIQ+ de poner el cuerpo para resistir, para continuar expresándose y siguiendo el deseo a toda costa.

La pueden ver gratis en Youtube! https://www.youtube.com/watch?v=PeB2FSOjpC0&feature=youtu.be&app=desktop