Pandémiques. Un panorama de la situación de mujeres y disidencias durante la pandemia

La pandemia de covid-19 nos afectó a todes en distintos niveles: económico, social, emocional, educativo, etc. El 2020 nos dejó un nuevo orden de cosas, nuevas formas de relacionarnos, de trabajar y de organizarnos socialmente. Pero también dejó una crisis económica mundial y ensanchó la brecha entre ricxs y pobres. Se perdieron muchos empleos, se fundieron negocios y pymes, se redujeron ingresos y muches niñes perdieron contacto con la escuela. Además, el confinamiento y el home office aumentaron el volumen de tareas, en especial en las familias con hijes menores de 18 años, ya que les xadres se vieron obligades a trabajar desde su casa y lidiar, al mismo tiempo, con las tareas domésticas y de cuidado. La población más afectada por todos estos cambios fue, como siempre, el colectivo de mujeres y diversidades. Juguemos a las adivinanzas: ¿quiénes son las personas más precarizadas?, ¿quiénes sufrieron de mayor pérdida del salario?, ¿quiénes cargaron con la mayor parte de las tareas de cuidado? La respuesta ya se la imaginarán.

Según el “Estudio sobre el impacto de la COVID-19 en los hogares del Gran Buenos Aires”, realizado por el Ministerio de Economía y el Indec, entre los meses de agosto y octubre, el 40,3% de los hogares encuestados dijeron tener problemas laborales de algún tipo y el 49,3% redujo su ingreso total. A raíz de esto, el 33,8% redujo el consumo de algún tipo de alimento, el 45,8% de productos no alimentarios y 28,6% tuvo problemas para cubrir servicios. La pérdida del salario afectó más a las personas con nivel educativo medio (41,9%) que a las personas con nivel educativo superior (23,2%). Estas diferencias se profundizan cuando comparamos la situación de las mujeres y el colectivo LGBTIQ. El “Diagnóstico de la situación de las mujeres rurales y urbanas, y disidencias en el contexto de COVID-19”, -de los ministerios de las mujeres y de ciencias y del Conicet- mostró que las mujeres afrodescendientes, trans/travestis, originarias y migrantes son las más afectadas por el aumento de la precarización y la pérdida de ingresos. El 44% de las mujeres trans y el 36,4% de las originarias dijeron estar viviendo de “changas”.

El aumento de las tareas de cuidado también impactó enormemente en mujeres y disidencias, ya que, al ser quienes se hacen cargo de estas actividades en su casi totalidad, sus posibilidades de trabajar y producir disminuyen, a la vez que aumenta el estrés y cansancio mental. Según el Estudio de impacto de la COVID-19 (…), el 66,1% de los hogares aumentaron el tiempo dedicado a tareas de apoyo escolar y el 65,5% aumentaron el tiempo dedicado a tareas domésticas. De entre estos últimos, el 64,1% reconoció que estas tareas son llevadas a cabo por una mujer. Solo en el 15,1% de los hogares hubo una distribución equitativa. En el caso de las tareas de cuidado, en el 70,3% las sostuvieron casi exclusivamente las mujeres y solo en el 7,0% el reparto fue equitativo. Las mujeres también fueron mayoría en cuanto al tiempo dedicado a apoyo escolar (74,2%). El Diagnóstico de la situación de las mujeres (…) en el contexto de COVID-19 muestra que del 55,1% de las encuestadas que eran jefas de hogar, el 84,1% se dedicaba también a las tareas domésticas y de cuidado. El 92,6% de las mujeres infectadas con covid se encargó de acompañar a sus hijes en las tareas escolares.  

Estas cifras no hacen más que confirmar lo que ya se sospechaba: mujeres y disidencias siempre corremos con desventaja en contextos de crisis. La precarización que sufrimos desde siempre en mucha mayor medida que los varones nos hace las primeras víctimas de las crisis, nuestros sueldos son los primeros en recortarse, nuestros empleos los primeros en perderse. Somos nosotres también quienes nos cargamos con todo el peso del aumento de las tareas domésticas y de cuidado, que nos desgasta y reduce nuestro rendimiento. La feminización de la pobreza es real y afecta principalmente a mujeres afrodescendientes, travestis/trans, migrantes y originarias, que cargan con los estigmas de una sociedad que, además de misógina y machista, es racista y transfóbica. Es por eso que es tan importante que, a la hora de tomar decisiones de gestión, se tenga una mirada que, además de feminista, sea interseccional y, por sobre todas las cosas, empática y solidaria.

Acá podés encontrar los informes mencionados en la nota completos!

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