Lactancia materna: una opción condicionada

Esta fue la semana mundial de la lactancia materna, que se celebra en más de 170 países. En Argentina, según el art. 179 de la ley 20744, las madres trabajadoras en período de lactancia tienen derecho a dos descansos de 30 minutos para amamantar o recolectar leche. Además, según el decreto 22/2015, en los lugares de trabajo deben existir “lactarios”, que son espacios adecuados para que las madres puedan extraer leche y conservarla. Estas leyes y decretos podrían considerarse un adelanto para las madres trabajadoras y un reconocimiento de sus derechos y de la importancia de la lactancia materna. Pero, ¿realmente se cumplen estas reglamentaciones? Según un informe de Unicef Argentina de 2019, lejos están las empresas privadas de nuestro país de cumplir con la ley. Solo el 68% de las compañías encuestadas ofrecen la reducción horaria por lactancia, mientras que el 32% dijo no lo hace, y el 92% de los espacios de trabajo no cuentan con lactario.

Otra duda que nos surgió mientras leíamos sobre lactancia materna para esta nota fue si los descansos de 30 minutos son realmente suficientes. Para esclarecer, consultamos con la psicóloga y puericultora, miembro de Las Casildas y de la Red de Salud Mental Perinatal, Bárbara Wolcoff.  Según ella, la reducción de la jornada laboral una hora no es suficiente, ya que lo que se recomienda es que la lactancia sea “a demanda”, en especial durante los primeros seis meses de vida del bebé. Cree que lo ideal sería una reducción de media jornada y que las licencias sean más largas. Según la ley actual, las madres cuentan con 90 días de licencia, que pueden tomarse mitad antes del parto y mitad luego del parto o todos juntos. El 84% de las empresas encuestadas por Unicef cumple con esta ley, mientras que un 8% dijo ofrecer menos de 90 días. Sin embargo, según la OIT, el estándar mínimo son 98 días y lo recomendado son 126.

Sobre los lactarios en espacios públicos, Bárbara opina, además, que, si bien está bien que haya un espacio apartado para las madres que se sientan incómodas amamantando en público, estos son producto de una sociedad en la que la lactancia materna aún es un tabú. “La teta que no vende”, la que alimenta, nos causa rechazo. No así las tetas que vemos sexualizadas y utilizadas como elementos de consumo. Nuestros cuerpos, como siempre, solo son aceptados dentro del modelo hegemónico y todo lo que se corra de eso queda afuera. La necesidad de lactarios en los lugares públicos nos recuerda que no somos dueñas de nuestros cuerpos, que nos atenemos a la norma o nos escondemos. Podemos mostrar las tetas para sexualizarnos, pero no para alimentar reclamar por nuestros derechos o para alimentar a nuestres hijes.

Otro tema sobre el que consultamos a Bárbara fue el mandato social alrededor de la lactancia, que está directamente conectada al mandato sobre la maternidad, a la figura de la madre perfecta. Darle de mamar a tu hije debería ser optativo, pero no lo es. Así como las madres que amamantan en público son señaladas, las madres que deciden directamente no amamantar también lo son. Con respecto a esto, Bárbara opina que “una mamá tiene que poder decidir si dar o no la teta cuando cuenta con toda la información”. Quienes deciden no hacerlo, muchas veces son castigadas, así como también quienes deciden “lactar prolongadamente”. Hagamos lo que hagamos, nunca vamos a alcanzar el ideal de madre perfecta, que está diseñado para castigar y generar culpa y frustración.

Las personas gestantes necesitamos que nos den las condiciones para elegir amamantar. Necesitamos más información, licencias más largas y más reducción de la jornada laboral. La lactancia es una opción, que no tiene que estar condicionada por descansos y licencias insuficientes o espacios de extracción inadecuados. Así como tampoco tiene que estar sujeta a estándares de belleza que nos dicen que nuestras tetas solo sirven para vender o para excitar, o por mandatos que cuestionan cada elección que hacemos en la crianza de nuestres hijes y nos hacen sentir frustrades o con culpa por no amamantarles o amamantarles “demasiado”. Nuestros cuerpos son nuestros, la opción es nuestra, y el Estado debe garantizar que la podamos elegir libremente.

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