Influencers y confusión: las cosas que nos hacen ruido del sistema de “famosas” formadoras de opinión.

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Por Mujeres que no fueron tapa.

PARTE I
No es algo nuevo: las y los artistas siempre fueron foco de atención, en especial aquelles vinculades con los medios audiovisuales. Desde los comienzos del cine, el público se interesó por sus estrellas y sintió especial morbo por sus vidas privadas. Durante décadas, quienes fueron tocades por la varita mágica de fama jugaron a mantener un delicado equilibrio entre proteger su intimidad y usarla como herramienta de promoción. Los medios eran el filtro que decidía qué escándalo llegaba a la televisión, las fotos de qué casa se publicaban en una revista. Y en torno a les elegides se construía sentido, qué es lo bello, qué es lo deseable, qué es lo normal.
Pero las redes sociales llevaron esa dinámica un paso más allá. La mediatización dejó de ser indispensable, y cualquier famose puede elegir ventilar la privacidad de su vida cotidiana si eso le permite generar más ingresos. Las líneas se borran y el producto ya no es la película o el programa de TV, sino el o la propia persona. Bienvenides al universo de las celebridades influencers, donde cualquier persona que haya obtenido los famosos 15 minutos de fama vaticinados por Andy Warhol, puede llegar a millones y constituirse como formadores de opinión.
A veces las vemos nosotras, a veces nos las comparten nuestras seguidoras, pero hace tiempo que no pasa un día sin que nos encontremos frente a una publicación de une influencer que nos dispara las alarmas. Es evidente que el problema trasciende a las personas individuales, es una cuestión de esta casta mediática cómo colectivo. Y siendo esta la nueva encarnación del poder mediático para construir y sostener identidades y pensamiento, decidimos reconocer y reflexionar sobre cuáles son esas prácticas dañinas que vemos cotidianamente, en especial las que tienen a las mujeres como sujeto o destino.

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PARTE II – El coaching de la empatía

Parece ser que en el mundo influencer, ese mundo en el que la visibilidad la tienen quienes muestran y exhiben sus cuerpos hegemónicos, sus consumos y sus vidas “felices”, donde todo se trata de rutinas fit, consejos de belleza, secretos para adelgazar o para ser como no sos, está surgiendo una nueva tendencia, a la que hemos bautizado como el coaching de la empatía.
Consiste en mostrarse en sintonía con el sufrimiento de les millones y millones que no encajan en ese modelo que estas personas promueven y refuerzan todos los días con sus publicaciones.
La estrategia es afirmar cosas del estilo “yo también soy imperfecta”, mientras nos muestran cuerpos esculpidos a fuerza de tratamientos estéticos, horas de gimnasio, dietas y cirugías. El mensaje que se escribe con la mano y se borra con el codo es “chicas somos todas iguales”, “lo que importa es lo de adentro” “aceptate como sos”.
Pero no hay texto sin contexto. ¿Qué sentido tienen esos mensajes en ese contexto?
¿Desde qué lugar alguien que todo el tiempo exhibe su cuerpo hegemónico nos dice que nos aceptemos como somos que ella también es “imperfecta”?
¿Qué nos quiere decir?
¿Qué nos quiere decir esta chica que aparece mostrando sus abdominales y su panza chata, como si eso fuera “ser gorda” o no cumplir con el mandato de belleza? ¿Quiere decir que eso es ser gorda? ¿Será que quizás sin darse cuenta está exponiendo su propia gordofobia?.
Porque de algún modo, pensar que “lo que está mal” “lo imperfecto es el cuerpo que aparece en la foto de la derecha es llevarse puestos todos los cuerpos no hegemónicos. Es decirle a las personas que tenemos esos cuerpos, sos gorda, sos fea, estás mal.

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PARTE IV (sic)

Otra chica, nos habla desde su cocina, usa dos bananas una verde y otra madura para metaforizar y contarnos q es importante no juzgar por las apariencias, lo que importa es lo de adentro, y nos aconseja q no nos sintamos mal por ser como somos. Nos lo dice desde la más absoluta de las hegemonías corporales. Lo dicen personas que trabajan activamente para cumplir con todos los requisitos q el sistema impone para encajar.
Como estos ejemplos que usamos en estos postes tantos otros, no se trata de personalizar.
¿Cuál es el mensaje entonces? ¿Qué nos están diciendo otra vez?

Nos dicen que la aceptación es una cuestión de actitud mental positiva, una decisión individual. Nos dicen que todas estamos en igualdad de condiciones para lograr la aceptación. La realidad es que no, no nos podemos aceptar como somos si solo nos rodean como modelo cuerpos hegemónicos, cuerpos de mujeres jóvenes, blancas, delgadas, desnudas y sexualizadas. Imágenes que reafirman que lo que merece ser visto y mostrado es eso. Del otro lado de nuestra piel, el mundo nos sigue diciendo lo mismo, solo que ahora se nos impone una nueva obligación, la de aceptarnos como somos, así, solas, como podamos. Y si tan fácil es, pero no lo logramos, el problema somos nosotras y nuestra débil voluntad, no el sistema que se reproduce a sí mismo gracias a estos mensajes.

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PARTE V

El feminismo como marketing

Una de las críticas que encontramos con más frecuencia cuando hacemos alguna publicación sobre la exhibición y sexualizacióm permanente de mujeres hegemónicas, es que cada quien hace lo que quiere con su cuerpo, y que el feminismo debe proteger ese ¿derecho? a exhibirse.

La realidad es nadie hace lo que quiere con su cuerpo en el capitalismo y en el patriarcado, nuestras identidades se construyen en relación, no en un tubo de ensayo. Con esto no queremos decir que las mujeres no puedan mostrarse como se les antoje. Pero mientras que exhibirse sin generar rechazo ni censura sea un privilegio de los cuerpos hegemónicos, seguirán siendo, a consciencia o no, una herramienta para adoctrinar sobre lo aceptable y lo deseable. Si la libertad de esa exhibición no es para todas, si es una libertad individual, está lejos del camino de emancipación que propone el feminismo. Y ese es el marco en el que nos paramos para ejercer la crítica de esas prácticas.

El último gran debate en este sentido, se generó a raíz del estereotipo de mujer seleccionado por un canal para sus noticieros, y la forma sexualizada en que se las presenta, a través de su ropa. Una de las involucradas salió a responder que “salir en tetas la empoderó” y tildó de “ridículas” a quienes cuestionaron las prácticas del canal. No es la primera influencer -ni será la última- en emplear el empoderamiento como una herramienta de marketing personal, para legitimar prácticas que no solo se usan en beneficio propio, sino que además dañan a otras mujeres.

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PARTE VI

No se trata de negar la dimensión individual del empoderamiento. La autoestima, la confianza y la seguridad son sin duda parte de ese proceso. Pero si eso es todo, si no hay una toma de conciencia y crítica al sistema, si no hay resistencia a las estrategias usadas para cooptar nuestros cuerpos y sexualidades, si el empoderamiento se limita a reapropiarse del deseo heteropatriarcal para ganancia propia, nada tiene que ver con la lucha feminista. Solo refleja una concepción de la vida y la sexualidad neoliberal, en la que todo es válido si se asegura la satisfacción personal, aunque se siga beneficiando al patriarcado.

¿A quién le sirve que los cuerpos femeninos hegemónicos se
sigan mostrando en situaciones sexualizadas? ¿A quién favorece que el feminismo se convierta en un movimiento que lucha por la libertades individuales en lugar de la emancipación colectiva? ¿Quién se beneficia cuando el empoderamiento pasa a ser sinónimo de las mismas prácticas incentivadas por el patriarcado? ¿A quién le conviene que la falta de crítica se convierta en una condición de la sororidad?

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