El trabajo no remunerado no es una vocación

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En julio de este año vence la moratoria que benefició a mujeres de entre 60 y 65 años con menos de 30 años de aportes y, al parecer, no será renovada. La moratoria, mejor conocida como “jubilación de amas de casa”, venía a recomponer en parte la enorme brecha entre mujeres y varones con respecto al reparto de las tareas domésticas y de cuidado. Estas tareas han sido históricamente adjudicadas casi exclusivamente y naturalmente a las mujeres, quienes, en la gran mayoría de los hogares, se encargaron siempre de las tareas de reproducción y cuidado. Es así como el imaginario popular establece que mujer es sinónimo de madre y madre es sinónimo de ama de casa. Al mismo tiempo, al ser las mujeres las encargadas, esas tareas se ven completamente minimizadas, presentándose como una “ayuda” para el jefe de familia o como una “obligación”.

Sin embargo, el reparto desigual de las tareas del hogar no responde a una actitud abnegada natural de nuestras madres y abuelitas, sino a un mandato patriarcal que esconde bajo la máscara del amor lo que en realidad es trabajo no remunerado. La limpieza, cocina, compras para otres y el cuidado de ancianes y niñes recae en un 75% sobre las mujeres y en un 25% sobre los varones. Asimismo, el 97% de las personas dedicadas al servicio doméstico remunerado son mujeres y el 17% del total de las mujeres empleadas se dedica a esta ocupación.

Estas cifras repercuten en los altos niveles de desigualdad en la composición del mercado laboral. Al tener que dedicar parte de su tiempo a tareas domésticas no remuneradas, las mujeres tienen menos posibilidades de conseguir trabajos de tiempo completo o de acceder a mejores cargos, que demanden más responsabilidades. Es en parte por eso que las tasas de actividad y de empleo de varones y mujeres presenta una brecha de alrededor de 20 puntos en favor de los primeros. Por otro lado, mientras que un 8,0% de los ocupados varones tienen cargos de dirección o son jefes, solo un 5,5% de las ocupadas ejercen puestos de esas características y la brecha de ingresos entre ambos sexos es del 25,2%.

Cabe decir, entonces, que la relación del género con la distribución de las tareas del hogar tiene que ver directamente con un reflejo del modelo patriarcal en el seno familiar. Esta inequidad se reproduce luego en la desigualdad de género en el ámbito laboral. No existe tal cosa como “la vocación” de servicio, lo que existe es el trabajo no remunerado.

Fuente: https://economiafeminita.com/la-desigualdad-de-genero-se-puede-medir-3/

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