Por: Juana Lo Duca para Escritura Feminista

Ilustración: @elfuturoesbrillante

Las mujeres se depilan, los varones no tienen la obligación. Tenés que ser un pocomasculina para dejarte crecer el vello de las axilas y las piernas. O descuidada, o antihigiénica, o hippie. Así operan las imposiciones sociales: nadie te presiona y sos libre de hacer con tu cuerpo lo que quieras, pero si no cumplís con el mandato que te tocó… Bancate la estigmatización.


La depilación, como práctica cultural, se lleva a cabo mediante diferentes técnicas: derritiendo cera de abejas o vegetal, con barras o cremas depilatorias, con maquinita eléctrica, con rastrillo o rasuradora, a veces con pinzas para los pequeños pelos rebeldes.

La palabra depilación proviene del latín «depilāre» y puede traducirse como «arrancar el vello». 

Sin embargo, el hecho de que hoy en día sea una actividad tan normal para las mujeres es producto de un largo recorrido histórico. Esto no siempre fue así. ¿En qué momento se naturalizó que arrancarse el vello era sinónimo de ser bella y pulcra?

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En la Antigüedad

Algunas fuentes dicen que el concepto de depilación como sinónimo de pulcritud y belleza apareció en la Antigüedad, con las tradiciones egipcias que asociaban esta práctica a cuestiones políticas y religiosas.

Según el papiro Ebers, que data aproximadamente de 1500 a. C., en aquel entonces los hombres se depilaban con navajas de diferentes metales, mientras que las mujeres utilizaban cera de azúcar o diferentes brebajes calientes producidos a partir de sustancias de animales. También se conoce que implementaban piedras pómez y caparazones de tortugas para hacerse raspados y obtener el mismo efecto.

El ideal de belleza femenina que se intentaba alcanzar estaba inspirado en la mujer del faraón, quien era considerada un ejemplo de pureza por no lucir vellos corporales. Asimismo, los sacerdotes se depilaban por completo antes de ingresar a los templos, como sinónimo de respeto ante el lugar sagrado.

Por otro lado, también se sabe que la cultura grecorromana entendía la ausencia de pelos como ejemplo de juventud, belleza e inocencia. Esto también se expresa en sus esculturas: las mujeres se ven depiladas por completo, mientras que los hombres eran retratados con su vello púbico visible.


Era tal su importancia en Roma que existían esclavos especializados en depilación, quienes utilizaban ungüentos similares a lo que hoy entendemos por cremas depilatorias. También implementaban una especie de cera a base de resinas y volsellas (pinzas). Las muchachas jóvenes eliminaban el vello púbico apenas les aparecía el primer cabello.

Durante la Edad Media la depilación pasó a ser central para el rostro, pero se perdió el hábito social de afeitarse en las zonas íntimas.

Durante la Modernidad

A principios del siglo XX, tener pelos en las axilas y piernas era algo completamente común. Sin embargo, las transformaciones en el mundo de los medios de comunicación y la modaimplicaron, también, nuevas formas de percibir los cuerpos.

Hacia 1915, en las tendencias parisinas y estadounidenses, las mangas desaparecieron y las faldas se acortaron, dando origen a unos vestidos inspirados en las antiguas tradiciones grecorromanas. Estas nuevas vestimentas comenzaban a dejar al descubierto los brazos, axilas y un poco más de los talones.

Para esta época, la revista estadounidense Harper’s Bazaar comenzó a instalar la preocupación del pelo en las axilas. Pero el boom de la depilación llegó realmente durante la década de 1920, cuando se volvieron tendencia las faldas que dejaban ver las piernas. Si bien se lucían con medias con costura en la parte trasera o con dibujos, esta prenda marcó un punto de giro.

«Antes de los años 20 los vestidos y faldas no dejaban entrever los tobillos, así que acortar las faldas ¡fue toda una revolución!»

Moda de los años 20 en Tendenzias

Sin embargo, esta revolución fue sostenida principalmente por artistas, quienes fueron las primeras en mostrarse depiladas. La mayoría de las mujeres de aquella época no parecían sentir la obligación de afeitarse hasta que, avanzada la década en cuestión, comenzaron a aparecer publicidades que instalaban la depilación como una necesidad femenina:

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Publicidad en Harpeer Bazar’s (mayo 1915)

Al mismo tiempo, la llegada del baile jazz, el maquillaje y el corpiño como lo conocemos (patentado en 1914) fueron factores influyentes sobre la noción de feminidad  y la percepción del cuerpo que comenzó a entrar en vigencia durante la segunda década del siglo pasado.

Llegando a los cincuentas, la moda pin up trajo un estilo innovador que reforzaría la depilación como práctica necesaria para mostrarse sexy en el espacio público. Figuras como Betty Grable y Marilyn Monroe empezaron a desfilar sus piernas largas y sin pelos en diferentes revistas.

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Marilyn Monroe luciendo traje de baño (1950)

Asimismo, no es un dato menor el hecho de que en 1946 se patentase el traje de baño de dos piezas: ya no se encontraba prohibido el uso de bikinis y muchas artistas famosas comenzaron a lucir esta prenda en las playas, exponiendo cuerpos que además de ser blancos, no mostraban vellos.

A pesar de que la opinión pública consideraba que mostrarse con poca ropa era un hecho escandaloso (como ahora, cuando Jimena Barón sube fotos a su cuenta de Instagram mostrando su cola), lo cierto es que la percepción de un cuerpo sin pelos como sinónimo de atractivo y sensualidad se masivizó con el correr de los años.

Ya hacia 1990 apareció la depilación definitiva, un método que consiste en la eliminación del vello a través de un sistema de láser que impide el crecimiento del mismo. Se requieren varias sesiones para que el tratamiento sea efectivo y de larga duración.

Además, para esta época dejó de ser una práctica solo ligada a las mujeres y comenzó a aceptarse, con críticas o burlas, que el hombre también se depilase para ser atractivo.

¿Soy más feminista por andar peluda?

Hoy en día tenemos muy incorporada y naturalizada la depilación. Si bien hay un gran porcentaje de mujeres que lo hace fundamentándose en la higiene personal, según especialistas no está probado que un cuerpo depilado sea más higiénico que uno que no lo está.

Asimismo, el estigma que se debe pagar por mostrar un cuerpo que no se adecue al canon es un precio que pocas están dispuestas a pagar: miradas críticas en el espacio público, comentarios por lo bajo, preguntas que incomodan.

En esto contexto, la pregunta sobre si no depilarse resulta una forma de activismo feminista resulta errada. Si bien no hay únicas respuestas, el feminismo no tiene que ver con la obligación de cumplir (o romper) con determinadas normas sino con el respeto a la diversidad y la inclusión de la diferencia: hacé lo que quieras, sobre tu cuerpo decidís vos.


**La información planteada en el artículo deviene de un conjunto de datos recolectados desde varias navegaciones en Internet, generadas con Google como motor de búsqueda, a partir de los cuales se organizaron las informaciones obtenidas de forma cronológica, a fin de dar un hilo de sentido al material obtenido. De ningún modo pretende revestir un carácter científico sino, más bien, se intenta arrojar luz sobre las prácticas culturales que hacen a la comprensión de la depilación como la entendemos hoy en día.

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