Sexualiedad: sujetas deseantes y deseadas

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Cuando hablamos de sexualidad, las mujeres mayores no están representadas en el imaginario colectivo. Son muy pocas las personas que pueden pensar a una adulta mayor como sujeta sexualmente activa, ni hablar si esa mujer es tu madre, tu tía o abuela, como si el vínculo anulara toda posibilidad y las redujera a ser tu madre, tu tía o tu abuela.

La sexualidad de las adultas mayores todavía se encuentra estigmatizada. Por un lado persiste la idea de que pasada la menopausia, la mujer deja de ser una sujeta sexualmente activa, por el otro, términos cosificantes como “cougar”, (mujer mayor que “caza” hombres más jóvenes) o “MILF”, (literalmente, “Mother I’d Like to Fuck”), potencian la idea de la sexualidad femenina subordinada a las fantasías heteropatriarcales.

La invisibilización de las adultas mayores como sujetas sexualmente deseantes y deseadas está directamente relacionada con el control de la sexualidad de la mujer, comprendida como un medio para la reproducción. La mujer que ya no puede procrear queda por fuera de lo que el imaginario social entiende por sexualidad activa y solo puede ingresar en forma de fantasía heteronormativa: MILF o cougar.  Es así como, aunque vivamos dentro de una sociedad hipersexualizada, dicha hipersexualidad responde al modelo patriarcal y hablar del goce de les marginalizades se convierte en un tabú.

Las representaciones de las mujeres que entraron en la menopausia en los medios responden al ideal hegemónico: las MILF y cougars son parodias que terminan estableciendo modelos que están muy lejos de representar la realidad. Se invisibilizan los cambios corporales y hormonales y las problemáticas de la menopausia y construyen una imagen de las mujeres que pasaron “cierta edad” acorde a las exigencias del patriarcado. Pero al entrar en la menopausia, en nuestros cuerpos pasan muchas cosas: líbido reducida, lubricación menos intensa y contracciones orgásmicas más débiles, entre otras cosas*. Estos cambios hacen necesario explorar nuestra sexualidad y volver a encontrarnos con nuestros cuerpos, pero no significa que hayamos dejado de ejercer nuestra sexualidad activamente.
Por otra parte, pero en la misma línea, el control de la sexualidad de las mujeres se ejerce a través del control de los cuerpos. La hegemonía corporal impone cánones de belleza imposibles de alcanzar, sobre todo si la mujer pasó la menopausia. El cuerpo hegemónico responde a la imagen de una mujer en edad reproductiva, por lo tanto, para una mujer adulta mayor mirarse en el espejo es muy difícil, más aún si lo que refleja se vuelve insoportable gracias a la presión social. Se impone la idea de que un cuerpo que no es hegemónicamente aceptado no tiene derecho a gozar activamente de su sexualidad.

Como afirma la psicóloga española Anna Freixas, “las dificultades sexuales no son parte intrínseca del envejecer”, por lo tanto, si persiste el mito es porque el mismo responde a la visión que desexualiza a la mujer mayor y la subordina a su edad biológica para ejercer y disfrutar activamente su sexualidad, condenándola a la pasividad y potenciando, de esta manera, la pérdida de su autonomía.

Si estamos atravesando la revolución de las hijas, es nuestra responsabilidad empezar a romper con la hegemonía del imaginario heteropatriarcal que marginaliza a las personas que no responden al mismo, para que todes podamos vivir nuestra sexualidad de forma libre y activa.

*Fuente: @gineconline

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