La sororidad es una decisión política

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Jorge “El loco” Romero, denunciado por varias mujeres por acoso sexual y abuso de poder, todavía no renunció a su banca en el Senado de la Provincia de Buenos Aires. El senador y dirigente de La Cámpora pidió licencia, que recién será validada en marzo de 2019.

Por su parte La Cámsororidad decisionpora se limitó a emitir un comunicado lleno de generalidades, que lejos de hacer hincapié en los acusados – ya que las denuncias al día de hoy alcanzan a otros referentes y militantes, pero no los mencionan- analizó de forma social el comportamiento machista y patriarcal de su organización. Una vez más, La Cámpora silencia las denuncias que alcanzan a los referentes encargados de formar cuadros políticos y contener jóvenes que se acercan a la política con ganas de transformar realidades.

En la misma línea se expresó el senador cuando se excusó de ser un varón criado en una sociedad patriarcal y aseguró “puedo ver que en el pasado tuve prácticas machistas que en ese momento parecían naturales”, como si obligar a una mujer a practicarle sexo oral o abusar de su rol dentro de la organización para silenciar mujeres fuera algo natural. Lejos de tomar una posición sobre estas denuncias o hacer una autocrítica por estos dos pésimos comunicados, dentro de la mesa chica hay silencio de radio. ¿Acaso eso no es seguir silenciando a los denunciantes? La exigencia debe ser tanto desde las bases como desde la conducción. En eso, los máximos referentes hacen agua. Varios de los relatos puntualizan en que los referentes no atienden las denuncias.

En abril de este año la organización kirchnerista publicó la nota “Nada que esconder”, en la que expresaba que frente a las denuncias de violencia de género se activaba el “Protocolo interno de detección, abordaje y acompañamiento de situaciones de violencia contra las mujeres”, con el propósito de tomar todas las medidas necesarias y  garantizar la protección y atención adecuada para las compañeras. Sin embargo, Stephanie Calo, la mujer que denunció a Romero públicamente, expresó que el mismo no está a disposición de las militantes.

Las acusaciones de violencia de género y abuso sexual no se agotan en Romero, son varios los dirigentes denunciados y todos los casos tienen como eje en común el ocultamiento de las denuncias y el resguardo de los denunciados por parte de La Cámpora. Tal fue el caso de Julián Eyzaguirre, referente universitario de la agrupación, denunciado en varias oportunidades por compañeras y exparejas, y a quien La Cámpora apartó de la Mesa Nacional y de sus responsabilidades universitarias, pero para darle un empleo en la Legislatura porteña. Finalmente, según expresa el informe de la periodista Luciana Geuna, al ver que las denuncias continuaban, la organización le gestionó una beca en el exterior donde actualmente se encuentra estudiando.

Otro dirigente denunciado en los últimos días fue Gustavo Matías, hoy responsable político a nivel provincial de la agrupación Néstor Kirchner, quien fue acusado por una mujer de haberla llevado contra su voluntad a un hotel alojamiento y de haberla amenazado para que no hable, hecho que ocurrió mientras Matías se desempeñaba como referente de La Cámpora Vicente López. La respuesta por parte de los responsables de Unidad Ciudadana de la zona fue similar a la de La Cámpora a nivel nacional: un comunicado general, bastante lavado y que en ningún momento menciona al acusado.

En la misma línea, un exmilitante de Hurlingham contó que fue abusado cuando era menor por Alberto Monzon, Nicolas Abregu y Alejandro Monzon, tres compañeros de militancia, de los cuales los últimos dos continúan militando en La Cámpora a pesar de la denuncia.

El tratamiento frente a las denuncias tienen un punto en común y es la ausencia de respuestas concretas por parte de la agrupación. La mayoría de las mujeres que denunciaron violencia de género hacia dentro de La Cámpora señalan a Mayra Mendoza, la única mujer que integra la Mesa Nacional de la organización y responsable de género de la misma, como una de las responsables del silenciamiento. Llama la atención que la diputada nacional no se haya expresado sobre el tema, ni haya compartido el comunicado que la agrupación redactó como respuesta a los hechos denunciados.

La violencia sexual contra las mujeres y disidencias está directamente relacionada con el poder y la dominación. Las prácticas patriarcales son transversales a todo el arco político y van a continuar mientras triunfe el silencio y la inacción por parte de los que tienen el poder de hacer algo al respecto. Para deconstruir primero hay que evidenciar dichas prácticas y dejar de negarlas. Los varones que ocupan la mayoría de los lugares de poder y decisión dentro de las organizaciones militantes tienen que reconocer sus privilegios para poder luchar contra las desigualdades sociales que dicen combatir. Asimismo, es necesario que las mujeres que logran llegar a ocupar un lugar dentro de la mesa de decisión y conducción aprovechen ese lugar para terminar con las prácticas que oprimen a les otres.

La sororidad es una forma de construcción política, siempre y cuando no se la vacíe de contenido. El feminismo plantea una lucha política en la cual el silencio no es una opción.

 

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