Como todo barrio privado, Nordelta es sinónimo de segregación social. La idea de vivir separade del resto de la sociedad y rodeade de personas de la misma condición grita “discriminación”. Pero en estos últimos meses, el ánimo separatista de los vecinos de este barrio exclusivo alcanzó niveles dignos de una historia de ciencia ficción en una realidad distópica.

A Nordelta solo se puede ingresar de dos formas: en un auto particular (previamente autorizados) o en combis privadas de la empresa Mary Go. Durante años las empleadas utilizaron este medio de transporte, que es exponencialmente más caro que un colectivo de línea, para llegar a sus puestos de trabajo. Si bien nunca fueron bien recibidas por los propietarios que viajaban en las mismas combis que ellas (muchas alegan que tenían que viajar paradas aunque hubiera asientos libres, ya que los propietarios ponían bolsos o carteras para evitar que se sentaran al lado de ellos), desde hace algún tiempo comenzaron a notar que muchas veces las combis pasaban de largo a pesar de tener lugar.

La situación llegó a un punto tal que un grupo de empleadas, tras haber esperado una hora y media sin que ninguna combi las levantara (a pesar de tener asientos vacíos), decidieron espontáneamente manifestarse y cortaron la calle en ese momento para visibilizar la situación. Luego se enteraron que, al parecer, la decisión de no trasladarlas se tomó en una reunión de la Asociación Vecinal de Nordelta, en la que un grupo de vecinos se quejó de que las trabajadoras “gritan mucho” y “están sudadas”. Ante esta situación, la legisladora Myriam Bregman presentó una denuncia en la INADI y solicitó al Congreso que pida un informe sobre la situación a Desarrollo Social.

Esta situación deja al descubierto la discriminación y la distancia social que los vecinos de Nordelta imponen entre elles y les trabajadores que diariamente se encargan de las tareas que no quieren o pueden realizar. Quienes cuidan sus hijos, limpian su casa, cocinan su comida y cuidan sus jardines no son, al parecer, merecedores de un trato igualitario. Expresan su odio de clase a través de un nuevo apartheid.

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