Es la hora del orgullo gordo

Las mujeres tradicionalmente están sometidas a una fuerte presión social por su aspecto físico. La industria de la moda, de la cirugía, de la dieta asocian sus productos con una mujer perfecta e ideal que a través del avance en la edición de las imágenes se fue alejando aún más de la realidad. Los medios de comunicación son formadores de opinión y promotores de esta imagen de la mujer perfecta que fomenta en las mujeres sentimientos de inseguridad, insatisfacción y rechazo de sus cuerpos sin importar el peso, la edad, la raza, la religión.

Hoy el mundo está pensado para las personas delgadas. Ir al cine, tomar un colectivo, usar un baño público o hacerse un estudio médico, son actividades que una persona obesa no puede hacer con la misma facilidad. Las personas obesas pasan a ser el anti símbolo en una sociedad preocupada por la estética donde el cuerpo es considerado un parámetro visible para determinar la salud y la belleza. La única panza permitida en una mujer es la del embarazo, hasta que pare, pero rápidamente tiene que recuperar su figura.

¿La salud depende del peso o del estilo de vida? Está asumido en el imaginario popular que las personas obesas están “enfermas de obesidad”. Los argumentos pasan de la recriminación, al rechazo, sumado a la presión social por un cuerpo perfecto. La información que cotidianamente recibimos respecto al cuidado personal es a través de los medios masivos de comunicación, las publicidades y las redes sociales, que sostienen este discurso predominante. Sentirse orgullosos de la obesidad representa un peligro porque implica sentirse cómodos con nuestros cuerpos. El discurso anti obesidad está tan aferrado que se normaliza y es más difícil cuestionarlo. La responsabilidad de la discriminación se traslada al discriminado. Se ridiculiza la comparación con otros tipos de discriminación porque ni siquiera se reconoce y en el imaginario colectivo es absurdo de que sea posible que “los gordos” se sientan orgullosos de sus cuerpos.

Todas las mujeres cumplan o no con los requisitos normativos impuestos, sufren violencia simbólica porque se convierten en rehenes de una estructura diseñada para aplastar identidades, la individualidad y la heterogeneidad de las personas y las obligan a intentar encajar en un molde determinado. Es necesario desarrollar herramientas mediáticas que refuercen la imagen corporal positiva y las prácticas body positive como el fomento del uso de maniquíes reales, la oferta real de los talles y la no edición de las imágenes en las publicidades. Rompamos los estereotipos. 

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