Carta de Lucrecia Martel a Gabriela Michetti

Sra. Vicepresidenta Gabriela Michetti:

Hace poco usted ha manifestado que “Todo el interior está en contra del aborto”. Hay una vieja tradición porteña, que mucho perjudica al federalismo, y consiste en llamar “Interior” a todo ese vasto territorio desconocido que se extiende más allá de la General Paz. Pero usted es una funcionaria nacional y está obligada a conocer la población sobre la que vicepreside.

Es posible que la información que recibe sobre nuestras provincias esté un poco sesgada. Que venga de sectores del poder, muy conservadores, o de organizaciones católicas que desde el inicio de esta República han tratado de que sea confesional.

Su partido hizo campaña criticando la falta de datos precisos del INDEC del gobierno anterior y la dificultad para pensar políticas sin estadísticas. Ahora tiene la oportunidad, con la ley de Aborto Legal, de que Salud Pública maneje datos firmes y pueda planear políticas específicas.

También ha manifestado tener “un humanismo recalcitrante”. Si además de recalcitrante es pragmático puede valorar las siguientes sentencias:

Los países con aborto legal tienen cero muertes de mujeres por abortos. Los países con aborto legal tienen menos abortos que nuestro país.

Usted ha manifestado estar por la vida y no tener derecho a coartar la vida de nadie. No por sus convicciones religiosas sino porque un embrión ya tiene un ADN propio. Le propongo que analice esta paradoja. Voy a dar ejemplos de Salta:

Los médicos e instituciones que ofrecen servicios de Fecundación in Vitro en Salta hablan de embriones a sus pacientes y de embriones que deberán ser descartados si su vitalidad no llega a los estándares necesarios o sobran después de que la mujer ha logrado su embarazo.

Esos mismos médicos e instituciones cuando se oponen al aborto legal llaman al embrión, niño.

En ambos casos estamos hablando de mujeres que desean planificar sus familias y que por motivos externos a ellas no pueden concebir o no pueden continuar con sus embarazos.

Afortunadamente en Salta desde el 2016 que se legalizó la Fecundación In Vitro, con leve oposición de la Iglesia, tenemos excelentes profesionales e instituciones que han colaborado para que miles de mujeres puedan llevar a cabo sus planes familiares mediante ese método. Aunque implique el descarte de embriones.

Pero a la hora de que una mujer decide interrumpir su embarazo, la Iglesia se pone implacable, las instituciones sacan comunicados oponiéndose, los médicos se acuerdan del juramento hipocrático, y usted de su humanismo. Y todos acusan a la mujer de asesinar niños. Hoy esa mujer está penalizada.

¿No hay algo paradójico en esto? Le digo mi opinión: molesta que las mujeres decidan sobre su cuerpo. Es un problema inherente al catolicismo, pero también al machismo laico.

Todas esas propuestas peregrinas y melodramáticas de los mal llamados Pro Vida, en realidad son pro status quo, pro sometimiento de la mujer. Retórica hipócrita.

La he escuchado Vicepresidenta, a usted y a muchos pro clandestinidad, considerar una buena idea obligar a una mujer ser madre y luego dar su hijo en adopción. Eso sí es anticonstitucional.

Me gustaría invitarla a mi estudio de Buenos Aires. Desayuno en el lugar donde Antonio Alice pintó el cuadro de los Congresistas de 1853. Podemos leer las largas discusiones con las que se decidió que nuestro Estado sea laico, aunque nos hemos comprometido a sostener con enormes sumas de dinero los sueldos de obispos, párrocos, seminaristas, en subsidiar colegios católicos y otras tantas erogaciones. En el año 2016 se calculaba en 170 millones mensuales aproximadamente. No sé si esta cifra estará sufriendo ajustes.

Pero el Estado sigue siendo laico.

Vicepresidenta Michetti usted está en un lugar clave para cambiar la historia de las mujeres. Para salirse de los eufemismos conservadores y de una vez por todas ayudarnos a las provincias del Norte, donde las cifras por femicidio, crímenes de odio, muertes por abortos clandestinos son las más altas del país. Ayúdenos a dar un paso hacia el futuro, hacia la planificación, hacia la reducción de la barbarie y la muerte. Hacia el respeto de las mujeres a decidir ser madres o no, aunque eso implique el descarte de embriones.

Aprovecho para saludarla atentamente y desearle lo mejor a su gestión.

Lucrecia Martel

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